domingo, 29 de septiembre de 2013

‘ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir’




‘ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir’
WALSH, María Victoria.
“Vicki” para su familia. Nacida el 28 de septiembre de 1950. Se cría en La Plata. Abanderada en el colegio. Como estaba aburrida, cierta vez intensifica su estudio y pasa de sexto grado a segundo año, dando libre primero. Hija mayor del escritor y militante del peronismo revolucionario, Rodolfo Walsh. Como periodista militó en las agrupaciones gremiales del peronismo revolucionario. Delegada gremial en el diario “La Opinión” donde acumulaba un sólido desprecio por el patrón y director del diario, Jacobo Timerman, a punto tal que un día le destrozó la puerta de su despacho de una patada, cuando éste a propósito no la atendía y le hizo hacer una larga amansadora. Luego ahondó su compromiso y fue oficial segundo en la organización político-militar Montoneros: estaba a cargo del departamento de prensa en el frente sindical con el nombre de “Hilda”. Pero sus amigos,  cariñosamente le decían “La Cabezona”. Caída en el llamado combate de “Villa Luro” (Calle Corro N° 105. Capital) el 29 de septiembre de 1976 junto con sus compañeros Alberto José Molinas Benuzzi, José Carlos Coronel, Ignacio José Bertrán e Ismael Salame. Todos se negaron a entregarse con vida a los 150 esbirros armados hasta los dientes que los rodearon y pelearon hasta la muerte. En un momento, Vicki, se subió a la terraza de la casa, trepó a un parapeto, dejó la metralleta a un lado y se asomó. Cuenta un soldado del Ejército atacante que “Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablarnos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo. Pero recuerdo la última frase, esa que en realidad no me deja dormir: ‘ustedes no nos matan –dijo- nosotros elegimos morir’. Entonces ella y el hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros”.  Su padre Rodolfo, en una carta abierta que escribió a sus amigos el 28 de diciembre de 1976 reflexionó: “Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros y esos otros son millones. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella”.