viernes, 26 de julio de 2013

Si Evita viviera seria...





Si Evita viviera seria viejita.
¿Qué es Evita?
En principio lo más evidente es que Evita no es una persona, lo fue alguna vez pero para suerte o para desgracia dejó de serlo.
Hace 61 años que la industria que mejor medra en nuestro país es la de fabricar Evita.
Desde grande discurseadores hasta ínfimos balbuseadores, buenos malos diestros o siniestros todos hemos dedicado alguna parte de nuestra vida a fabricarnos una Evita a la medida, y ruego aquí que nadie encuentre sorna en este comentario, ya que, de que versión de Evita construimos o elegimos, depende en gran medida el argentino que somos (aquí y en cualquier parte de mundo)
Y por supuesto, no solo en lo individual, sino sobre todo en lo colectivo es donde más complejas e interesantes se ponen las Evitas así creadas.
Pero no solo en el fuero intimo o en el colectivo se crean Evitas, y es a estas creaciones a las que quisiera referirme, a la Evita boluda de la derecha y a la Evita gorila de la izquierda.
Por diversos motivos y en diversas coyunturas históricas, los aparatos de propaganda (Formales o no) de la distintas tendencias políticas, que para sus fines lo necesitaron, se lanzaron a tuniar sus propias Evitas a medida.
Enumeraremos 2 modelos bastante parecidos, que curiosamente fueron hechos para cubrir necesidades de sectores ideológicos que se suponen en las antípodas.

La Evita boluda.
En el recarajo de cualquier cosa remotamente original, nacional o popular existe un sector político que entiende al peronismo con una suerte de franquismo trunco que podría realizarse fecundado por un buen polvo libremercadista a la Reagan, que se siente heredero de Perón, Primo de Rivera y Milton Friedman, de existencia real en nuestro país y que, como todo ente que participa del ser en la argentina, tiene su propia Evita. Una Evita boluda, santita, sonrisita, rodeíto, estampita, espiguita de trigo...
Dentro de un lógica en la que "el pueblo" es más o menos bobo, que hay que darle la comida masticada, que le importa mucho más Ricky Fort que la política económica, porque total pobres hubo siempre, y no labura el que no quiere, y si repartimos frazadas en la estación somos como Evita, y da lo mismo la Fundación Eva Perón que Caritas, porque total la cosa es darle algo a los que están cagados de hambre para que cuando haya una necesidad exista el insoslayable derecho a hacer caridad con las sobras.
Esta es la evita boluda de la derecha, un producto comparable al Potro Rodrigo, a Lady Di, y por qué no a Einstein o Mahatma Gandhi, una foto linda aséptica y querible que los escuálidos intelectos de la clase baja puedan tragar tibiecito, recién regurgitado.

La evita gorila.
En las antípodas de lo anterior, o más correctamente dicho, "En el recarajo de cualquier cosa remotamente nacional y popular" está nuestra, nunca bien ponderada, izquierda. Sólidamente afincados en sus aulas universitarias y en sus puestos de la feria jipi, estos herederos de las refulgentes luces del socialismo científico, no pueden
-ni pudieron nunca a pesar del inexorable paso de los últimos sesentaipico años- entender el incontenible ascendente de este "Bonapartismo" en los sectores sociales que, de esa forma, omiten su llamamiento histórico de ponerse a la cabeza de LA REVOLUCION SOCIALISTA. Entonces, para tratar de llegar a este público -sí, publico- se construyeron un relato en el que habría dos peronismos antagónicos, el de Perón (un franquismo trunco) y el de Evita, suerte de pre marxismo intuitivo a la argentina, donde Evita jugaría el rol de una Pasionaria, o una Rosa Luxemburgo, pero campesina e ignorante, que no pudo salirse de la triste jaula a la que la relegó el tirano. "...una foto linda aséptica y querible que los escuálidos intelectos de la clase baja puedan tragar tibiecita, recién regurgitada."

Por ahí, en ese tormentoso mar de Evitas individuales, colectivas, emotivas, prefabricadas, necesarias, corporativas, marxistas, sionistas, católicas, agnósticas, conservadoras, extrañadas, lloradas, aplaudidas, liberales, librepensadoras, proteccionistas, librecambistas, xeneises, feministas, autogestivas...
En ese infinito océano de Evitas, seguro habrá -por lo menos algunas- Peronistas.
En ese infinito océano de Evitas esta la mía, plantada delante del Pocho, como la flamigera efigie de la Gorgona en la egida de Atenea, dispuesta a dar la vida (como la dio) para que la obra del General no quedara mocha. Mjolnir peroncho, ávido de la monstruosa cabeza de la Jörmundgander oligarquica, nuevo Prometeo, dador de humanidad a un pueblo dispuesto a conseguirla, sagaz Eris del gorilismo.
Así es mi Evita, pintada de los colores de los héroes de mi infancia, pero siempre junto a Perón, no madre del peronismo, sino su primera hija, sabedora de la responsabilidad de su primogenitura, y nunca reclamando más que el lugar de Compañera.
Y ahí anda la cosa, 60.000 evitas son homenajeadas hoy, o solo una, la compañera...

Fernando Luis.
La Peñaloza en Buenos Aires