jueves, 7 de noviembre de 2013

“Se va a acabar, la dictadura militar”





1981 iba llegando a su fin, acosado por una situación crítica en el marco del resquebrajamiento del gobierno dictatorial que hasta ese momento se había mostrado homogéneo, se produjo el fortalecimiento del sindicalismo (junto con otros actores como los partidos políticos o la iglesia).

En lo económico-social, el salario real había caído abruptamente con la combinación de la liberación de precios y el congelamiento salarial. A fines de 1981, el salario real era casi la quinta parte de lo que había sido en 1974. La participación de los asalariados en el ingreso nacional pasó del 49% en 1975 al 32% en 1976, según Torcuato Di Tella. En lo político era palpable la creciente debilidad del presidente general Eduardo Viola y sus disidencias con el comandante general Leopoldo Fortunato Galtieri. En lo social, la desocupación y la miseria acuciaban a sectores cada vez más vastos de la población.

Durante la dictadura cívico-militar producto del golpe del 24 de marzo de 1976 o también autodenominado “proceso de reorganización nacional”, Saúl Ubaldini fue parte del proceso que llevó a la unidad a varias corrientes gremiales contra la dictadura y los dirigentes sindicales colaboracionistas o “idiotas útiles, -diría Perón-”. Participó de la comisión de los 25 (sindicatos de perfil combativo) que convocaría al primer paro general contra la dictadura. Este proceso derivaría en la fundación dela CGT Brasil, en noviembre de 1980, de la que fue su Secretario General, apadrinado por la comisión de los 25, las 62 organizaciones Peronistas y Lorenzo Miguel. Este era el llamado sindicalismo “confrontacionista”, pues era todo un desafío al régimen militar y a la 22.105, por la prohibición que pesaba sobre ella, aunque no implicó la unidad sindical.

Meses después, en abril de 1981, nació la CGT Azopardo (de la unión dela Central Nacional de trabajadores –CNT- y los 20), con el dirigente de los plásticos, Jorge Triaca a la cabeza (en esta familia hay una coherencia sugerente en su “liberalismo” y en su pensamiento de derecha, pues el hijo de éste, “Jorgito” Triaca es diputado nacional por el macrismo). La postura del fallecido Triaca –ministro de Trabajo de Menem- siempre se caracterizó por la negociación, cuando no con la directa colaboración al Proceso. La CGT Brasil ya había convocado a una jornada de protesta el 22 de julio de 1981.

El 7 de noviembre la CGT Brasil, encabezada por Saúl  Ubaldini –aunque no se restringió al ámbito sindical-, pudo concretar la primera movilización popular o “Marcha de Protesta” en contra de la dictadura: bajo el lema Paz, Pan y Trabajo convocó a marchar –por las calles de Liniers- desde el estadio de Vélez Sarsfield hasta la iglesia de San Cayetano (santo del trabajo de acuerdo al religión católica), donde se habían juntado unas diez mil personas. Los nuevos líderes sindicales, de organizaciones pequeñas, trataban de coincidir con los grupos de base dela Iglesia.

Mientras el gobierno formulaba las advertencias de práctica, los partidos justicialista, demócrata cristiano, intransigente, comunista y varias fracciones del socialismo adherían a la convocatoria, sin desdeñar la presencia de otras organizaciones sociales. El radicalismo –como siempre y una vez más- guardaba silencio. Esa numerosa marcha desafió –a pesar de la intimidación de los medios de comunicación- el despliegue de un inmenso operativo de seguridad y asistieron a una misa oficiada al aire libre. Por primera vez se coreó masivamente una consigna que luego ganaría la calle: “Se va a acabar, la dictadura militar”. La represión no se hizo esperar. Pero se demostró que la central obrera se había convertido en el eje de la protesta nacional.
  
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