martes, 10 de mayo de 2011

"Los últimos y los primeros"


Cuanto peor mejor, rezaba un eterno latiguillo con el que manifestaban las necesidades de condiciones objetivas y subjetivas, que nuestra izquierda (tan argentina como el mate y el colectivo, aunque a veces nos cueste darnos cuenta) esperaba, añoraba, y (a veces) propugnaba (con una suerte diversa) a fin de comenzar la grande e indetenible Revolución Proletaria.

Esta perenne contorción de las izquierdas parece -ya desde algún tiempo- haber sido imitada por nuestras derechas, mucho menos originales en sus concepciones políticas, que rara vez superan la dinámica del garrote, pero mucho más exitosas en su persistente praxis.

Desde tiempos de la asunción del mando de la compañera Cristina, hemos asistido como atónitos testigos de cómo este don, que hicieran las “izquierdas” recibiera su correspondiente contra don, abriendo las puertas de la llamada “política mediática” a no pocos referentes de las organizaciones proletarias.

Hoy la derecha apuesta al “cuanto peor mejor” y las izquierdas hablan por televisión…

Esta suerte de unidad de las fuerzas democráticas (que sin ánimos de eufemismos podría -sin más- llamarse: Unión Democrática) parece haber encontrado desde entonces varios puntos de intercambio, recetas que cambian sus sabores según la mano de cheff.

El 82% móvil y el no pago de la deuda externa no nos suenan verosímiles como reclamos de los sectores más conservadores de esta U.D. pero han sido sus dos últimas banderas dignas de mención. Así como nos resulta sorprendente la identificación de la Sociedad Rural con el marxismo internacionalista de paladar negro.

Pero no son estos episodios del pasado los que nos mueven a reflexión, sino la conjetura de haber logrado entrever un nuevo capítulo de esta -ya más que documentada- afinidad.

Comencemos recordando aquella que paso a nuestra historia como ‘la primera interna abierta’ en la que un partido dirimía candidaturas; nada hay que acotar para los memoriosos, pero para los que no, recordaremos que se ponían en juego las postulaciones de Presidente y Vice de la “Alianza Izquierda Unida”; en aquella elección sucedía algo notable, y que a la vuelta de los acontecimientos resulto mucho más común de lo que se hubiera concebido. Resulta que el que se aupara primero en cantidad de votos en la elección, se alzaría con la candidatura a presidente de la nación, y quien resultara perdedor, debería hacerse cargo de las yuxtapuestas postulaciones a Vice y 1er orden en la lista de diputados; ahora bien: mucho más que lejana era la posibilidad de que esta bandería se alzara con la victoria en la contienda presidencial; la candidatura era lo que por entonces se llamaba “testimonial”, -palabra que en los últimos tiempos vio mutado su significado- es decir (como decía mi Papá) candidato poroto, candidato al pedo…

Distinta era la realidad de la lista de diputados, en la que estos legítimos representantes de los intereses del proletariado (¿obreros, campesinos y soldados?) podían soñar con un escenario en el que pudiera filtrarse un h/nombre a la composición de la honorable cámara. Por lo tanto, quien ganara la interna, y quedara como candidato a Presidente, seria merecedor de una fugaz candidatura testimonial, pero, quien fuese derrotado en la interna, podría alcanzar no solo una candidatura, sino –concretamente- una banca en la preciada vidriera política que es la H.C.D.N.

Dicho en buen criollo, “…el que gana pierde…” (una compleja variante del no menos rebuscado “cuanto peor mejor”) y así fue que uno gano y otro perdió. Inaugurando una notable tradición de esa fracción política (nuestra nunca bien ponderada izquierda) cuyos continuadores se han sucedido a través del tiempo; hasta la mismísima “conífera cinematográfica”, quien hace pocos días a rehuido la contienda nacional para abrazarse a la más humilde elección municipal.

Lo llamativo del asunto, es el ingreso de un elemento importante de la diestra facción a la consabida lógica (“el que pierde gana”). Por respeto a su persona no lo nombraremos en esta reflexión con su nombre, ruego que nos alcance el seudónimo de Mauricio M.

Hace pocos días el tal M.M. anunció que dejaría pasar la elección grande para ir a contender al municipio, dejando caer las cándidas esperanzas de su sector, en saco roto…

Y luego, la pregunta que nos hacemos, aquella que no produce cierta zozobra, es finalmente: ¿Cuál será el contra don que la facción revolucionaria asumirá como propio en cambio de esta nueva practica que generosamente le ha dispensado a su otrora irreconciliable adversario?

¿Cuál será la nueva consigna que compartirán estos vergonzantes pero fieles socios en esta nueva etapa de la ya ajada U.D.? Pido disculpas si no soy claro, pero la pregunta es sincera; ya que no se me ocurren consignas ni reclamos que aun no hayan compartido…