sábado, 6 de noviembre de 2010

Aluviones que van...aluviones que vienen



Bueno, ya está, no queremos mas Kirchneristas, con los que estamos nos arreglamos bárbaro, difícilmente podamos hacer entender a nadie el increíble placer de pasarnos largas jornada refutando contras con celebres frases de Jauretche, dificilmente alguien pueda entender el enorme gozo de sentirse solos contra todo un mundo de adversarios imbecilizados por la propaganda...
Somos el Kirchnerismo puro, desde hoy soberanos detentores de Kircherometro, evaluaremos a cada aspirante a KK y eventualmente admitiremos a alguno, si hace todos los deberes, si se aprende de memoria discursos de Cristina, intervenciones de Hannibal, y notas de Barone y si además demuestra una capacidad manifiesta para aplicar las citas con una admisible pertinencia, sea en TV o cuanto menos por Facebook...
No queremos mas a nadie en nuestra movida, somos los únicos, la lista esta cerrada. Preferimos sin dudas perder la elección del año que viene, preferimos perder las conquistas que se han logrado en estos años, preferimos transformarnos en el sagrado recuerdo de una primavera pasada y digna solo para nuestras añoranzas, que mancillar la prístina pureza de coherencia militante de nuestro movimiento. Que se caiga todo lo que se tenga que caer, pero que por ningún motivo se pierda de vista quienes somos los de la primera hora, quienes somos la nobleza de esta causa; que no nos quieran mezclar con las hordas de arrepentido 67ocheros, de hijos pródigos arrepentidos de ultima hora...
Preferimos ser el P.O.!!!
¿¿Preferimos ser el P.O.???????

No, hermano, el día que seamos una secta con el cupo limitado tendremos que colgar los guantes y abandonar la lucha de la patria para dedicarnos a la lucha del ego, y empezaremos a formar "cuadros teóricos" que hagan nuestra "teoría política" mientras nuestro pueblo morfa "teórica carne" con "teóricos fideos".
No compañero, los queremos a todos adentro, este boliche no tiene paredes, y por supuesto que lo queremos sin techo...
Todos los compañero que, a pata, o en banda, se quieran arrimar venir a esta vereda no solo son bienvenidos, son tan necesarios como el que mas.
Y todos los dirigentes, que con honestidad logren consumar esa cuasi cristiana actitud de la autocrática, que puedan reconocer los errores, que estén dispuestos a juntar algo de la mierda que tiraron antes de su epifanía, serán recibidos como compañeros en nuestra casa sin paredes y sin techo, donde nadie tiene el lugar reservado, pero si todos tienen las puertas abiertas.
Como decía ayer un compañero en un reunión acá en Buenos Aires, "...en casa, los hermanos se sientan a la mesa; a las visitas le hacemos un lugar donde se pueda..." y así tal vez logremos construir algo mucho mas grande que un refugio oportuno para algunas carreras políticas, mas duradero que muchos "amores de estudiante", así tal vez logremos darle el revoque fino a esta obra que venimos construyendo (con barro y con mierda) hace ya 200 años...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Anarquistas...




UNA SENTIDA AUTOCRÍTICA


Te tenemos que pedir perdón, flaco

Publicado el 3 de Noviembre de 2010



Queríamos decirte simplemente que los anarquistas somos, a veces, muy de vez en cuando, un laberinto de contradicciones. Y que pensábamos votarte. Era nuestra mínima y secreta manera de pedirte perdón.

Lo que te puteamos, flaco. Las cosas que dijimos de vos cuando en la imbécil tentación del engreído revolucionario decíamos que vos eras el monigote de Duhalde. Las marchas que te hicimos. Queríamos decirles a los argentinos que estabas dilapidando nuestra plata dándosela en bandeja al FMI.
Cuántas palabras envueltas en desprecio y sorna. Instruidos en las sabias esgrimas marxistas, enumerábamos los siniestros enemigos de los que te rodeabas. Casi, casi, te ordenábamos que fueses puro. Como nosotros.
En los rudos textos, en las vehementes intervenciones radiales, despedazamos tus confusas relaciones con el poder. Claro que sí, qué otra cosa era un hombre saludando a Bush con una sonrisa. No prestabas atención a nuestra pedagógica manera de llevar adelante el protocolo.
El propósito era que nos escuchases. Que leyeras nuestros volantes, nuestros afiches, nuestras banderas. Tenías que hacerte, de un día para otro, justiciero expropiador de todos los sinvergüenzas. Tenías que rendirte ante nuestras luchas.
Queríamos ser testigos de un milagro que honrara a nuestros santos leninistas: la conversión acelerada de un político burgués a tigre trotskista, como aquel que posa en nuestros posters. Queríamos verte echando a todo tu staff, tus ministros, tus amigos, tu familia, desprendiéndote de cuentas bancarias, bienes, alquileres. Si era posible, Flaco, tenías que tirar los mocasines y la birome Bic. Y desafiliarte del PJ.
Un día, nos enteramos que hablabas en la ESMA. Que entrabas allí con las viejas y con los hijos. Pedazo de oportunista, dijimos. Luego, procuramos escuchar bien aquello que decías. “Como presidente de Argentina, vengo a pedir perdón en nombre del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades.”
Carajo. Exasperabas nuestra incredulidad eterna. De pronto, un presidente argentino, de la Casa Rosada, les pedía perdón a las Madres; a las mismas Madres que un tiempo atrás (diciembre 2001) habían sido gaseadas, mojadas, atropelladas por caballos por los infames de la Casa Rosada.
Ebrios de indiferencia, pensamos que debíamos aplaudir ese gesto, no más de 24 horas. No podíamos ser aventurados en el elogio. No tolerábamos que no cumplieras, una a una, todas nuestras utopías.
Ni cuando aprobaste la jubilación para los que no tenían aportes. Incluida nuestra vieja, y nuestra suegra.
Ni cuando le brindaste a Chávez, y a otros, el escenario adecuado para mandar a la misma mierda el asesino ALCA. Ni cuando le sacaste el fútbol de las manos al pulpo eterno. Ni cuando quisiste poner un poco de justicia con la 125 cumpliendo tu máxima peronista de llegar al fifty-fifty. Ni cuando desafiaste a Clarín y sus tentáculos. Ni cuando ideaste el final del monopolio de Papel Prensa.
Ni cuando impulsaste el matrimonio igualitario. Ni cuando te enojaste con las claudicaciones de la ex intachable Corte. Ni cuando apagaste las privatizaciones de Aerolíneas, el saqueo de las AFJP, el choreo macrista del Correo.
Ni cuando te extenuaron los impostores, los Alberto Fernández, los Lavagna, los Solá, los Cobos, los Pedraza.
Ni cuando apoyabas una ley que resolviera un cacho de participación en las ganancias. Ni siquiera cuando tu última opinión sobre los burócratas sindicales contenía una frase premeditada: “Hay que dar con el último de los autores intelectuales del crimen de Ferreyra.” Ahora que estás en Santa Cruz, rodeado de los combativos mineros de Río Turbio que adorábamos en los ’90, ahora es como un poco tarde, flaco.
Queríamos decirte simplemente que los anarquistas somos, a veces, muy de vez en cuando, un laberinto de contradicciones. Y que pensábamos votarte. Era nuestra mínima y secreta manera de pedirte perdón.