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martes, 9 de junio de 2015

"EL QUIJOTE DE LOS ANDES"



Del muro y texto de la Compañera Mabel Ordiz

8 de junio de 1870: es sepultado en Chile.
FELIPE VARELA : "EL QUIJOTE DE LOS ANDES".

La historia de la lucha por el poder en la Argentina no es nueva, y en realidad podríamos considerar pioneros de esa disputa a los valientes caudillos que en muchos casos perdieron la vida por la causa que defendían, tanto federales como unitarios.
Dentro de este contexto nos encontramos con una larga lista de nombres que representan cada una de las posturas políticas, y al mismo demuestran el valor desmedido que siempre utilizaron por defender sus principios ante el enemigo.
Uno de estos nombres fue Felipe Varela, que una vez convertido en leyenda de nuestro país, llegó incluso a servir de inspiración para diversas poesías folclóricas. (a favor y en contra).
Según los expertos, Varela no ha sido sólo un caudillo, sino que al igual que otros de sus compañeros, tales como Quiroga, Peñaloza y Ramírez, logró convertirse en un verdadero líder político del Federalismo, que luchaba intensamente para combatir la organización nacional basada en el centralismo.
Debido al coraje permanente que Varela demostró tener siempre en la lucha, sobre todo en lo que respecta a la resistencia que mantuvo en la región andina por muchos años enfrentando a las poderosas fuerzas enviadas por el gobierno unitario, durante lo cual el caudillo se encontraba acompañado por un pequeño ejército; es que comenzaron a llamarlo "El Quijote de los Andes".
Su valentía y bizarría le valió el reconocimiento constante de sus superiores, pero sus ideales lo empujaron a morir en el exilio, lejos de su amada patria.
Este heroico personaje de nuestra historia nació el 11 de mayo de 1821. en Huaycama, pueblo perteneciente al departamento de Valle Viejo, en Catamarca.
Según algunos documentos históricos, el pequeño Felipe pasó sus infancia junto a sus padres, Javier Varela y de Isabel Rearte, en una casa ubicada en la localidad de Guandacol, en la provincia de La Rioja. Fue allí donde llevó a cabo sus estudios formales, y al mismo tiempo se introdujo en el mundo de las armas, teniendo como tutor para ello a un caudillo riojano cuyo apellido era Castillo.
Decidido a llevar adelante una vida ligada al ámbito militar y político, a sus 19 años se incorpora al grupo de caudillos que luchaban en la región contra el ejército enviado por Rosas. Aquello le valió el destierro, por lo que se refugió en Chile, donde según relatan muchos historiadores puede haber llegado a conocer a su posterior amigo y compañero de lucha: el Chacho Peñaloza.
Viviendo en Chile, Felipe Varela se incorporó inmediatamente al ejército del lugar, el cual abandonó cuando en 1852 se produjo la caída del gobierno de Rosas, ya que fue en ese momento que regresó a Catamarca.
Varela decidió unirse al ejército de la Confederación , desenvolviéndose como Teniente Coronel en el regimiento 7° de línea, el cual se había asentado en Río IV, precisamente en la frontera de los indios.
Durante la decisiva batalla de Pavón, ocurrida en el mes de septiembre de 1861, Varela luchó bajo las órdenes de Urquiza, y fue allí donde comenzó a destacarse como uno de los más aguerridos caudillos de la Confederación. Un año después, Varela se unió al CHACHO, participando activamente en la rebelión organizada por el caudillo contra las autoridades nacionales de Buenos Aires. Esto le valió la confianza del Chacho y se convirtió en uno de sus máximos protegidos. Por ese motivo, ese mismo año Varela fue designado Jefe de Policía de la provincia de La Rioja.
Al siguiente año, es decir en 1863, se le encomendó a Felipe Varela la difícil misión de invadir Catamarca, participando de las contiendas conocidas como las batallas de Las Playas y Lomas Blancas.
No obstante, cuando el 12 de noviembre de 1863 se produce el sangriento asesinato de Peñaloza, Varela debió huir de la región, por lo que decidió refugiarse en Entre Ríos, desde donde nuevamente comenzó a militar bajo las órdenes de Urquiza, pero debe volver al exilio en Chile.
Poco tiempo pasaría para que Varela regresara al país, y ello ocurrió precisamente en 1865, cuando llega a sus oídos el inicio de la Guerra contra el Paraguay, la cual involucró a Uruguay, Argentina, Brasil, y por supuesto Paraguay, en una lucha sin tregua causada por las aún vigentes rivalidades coloniales. ( Guerra de la triple alianza).
Ante la noticia, Felipe Varela decide volver y servir nuevamente a las órdenes de Urquiza. Pero lo cierto es que como le sucedió a otros caudillos, Varela no comprendía cuáles eran los motivos por los cuales debía llevarse adelante una lucha armada contra el hermano pueblo de Paraguay. Por otra parte, el caudillo no toleraba el hecho de efectuar una alianza con el Imperio Brasilero, el cual en realidad había sido siempre un poderoso y ferviente enemigo de los estados del Plata.
Por todo ello, Varela se negó a participar de esta absurda guerra, y regresó a Chile.
Mientras tanto, en casi toda la geografía nacional los unitarios habían logrado imponerse frente a los federales, lo que provocó en cierto modo que Varela decidiera finalmente convertirse en una suerte de sucesor de el Chacho Peñaloza, convirtiéndose en los años posteriores en el líder indiscutido del alzamiento de las provincias andinas contra el gobierno centralista de Mitre.
Fue precisamente a finales del año 1866, que Varela decidió regresar al país desde la Cordillera de los Andes. A lo largo de dos años, Felipe Varela mantuvo el noroeste del país en permanente rebelión, a través del trabajo realizado por sus tropas, que se encontraban integradas por montoneros argentinos y chilenos. Para ello, contó con el apoyo incondicional de algunos de los caudillos federales más importantes de la historia, tales como Videla de Mendoza y los Saá de San Luis.
Fue en ese período que se produjo la llamada Revolución de los Colorados, considerada como el último alzamiento del partido federal argentino en el oeste del país. Aquella revolución no sólo tenía como objetivo liberar a las provincias de los gobiernos centralistas impuestos por el entonces presidente Mitre, sino también dar por terminada la Guerra del Paraguay.
En aquella larga batalla, Felipe Varela fue uno de los principales caudillos, que con su lucha finalmente logró liberar a tres provincias del poder unitario.
Entre 1867 y 1868 Felipe Varela se convirtió en el Gobernador de Catamarca, y al mismo tiempo mantuvo su influencia política en las provincias vecinas de Salta y Jujuy.
Ante la inminente amenaza que la influencia de Varela provocaba en contra de los intereses de Mitre, éste decidió enviar a los soldados que se encontraban en Paraguay a perseguir y luchar contra el caudillo.Así comienza Mitre su despiadada "guerra de policía".
El 9 de abril de 1867 Varela, con su arenga de Federación o Muerte, enfrenta a las fuerzas mitristas, conducidas por Taboada ( siendo derrotado) en El pozo de Vargas : última gran batalla de una guerra civil enmascarada.
Su fuerza montonera no pudo contra la potencia casi indestructible del ejército de Mitre poseedor de las más nuevas y sofisticadas armas importadas.
La fuerza unitaria arremetió con todo su poderío en la región. Varela ya estaba enfermo de tisis y cada vez perdía mayor apoyo político, por lo que finalmente debió regresar al exilio chileno.
El 4 de junio de 1870 moría el hombre y recién es enterrado en Chile el 8 de junio. Comenzaba la leyenda que cuenta la historia del : ÚLTIMO MONTONERO.
Sus restos habían sido repatriados en 1974 y depositados al pie del monumento con que se lo recuerda en su Catamarca natal. En agosto del 2007, a instancias de la Legislatura de Catamarca frente al Congreso Nacional, se asciende postmorten al coronel FELIPE VARELA a GENERAL DE LA NACIÓN.

8 de junio de 1870: es sepultado en Chile

FELIPE VARELA : "EL QUIJOTE DE LOS ANDES"

La historia de la lucha por el poder en la Argentina no es nueva, y en realidad podríamos considerar pioneros de esa disputa a los valientes caudillos que en muchos casos perdieron la vida por la causa que defendían, tanto federales como unitarios.
Dentro de este contexto nos encontramos con una larga lista de nombres que representan cada una de las posturas políticas, y al mismo demuestran el valor desmedido que siempre utilizaron por defender sus principios ante el enemigo.
Uno de estos nombres fue Felipe Varela, que una vez convertido en leyenda de nuestro país, llegó incluso a servir de inspiración para diversas poesías folclóricas. (a favor y en contra).
Según los expertos, Varela no ha sido sólo un caudillo, sino que al igual que otros de sus compañeros, tales como Quiroga, Peñaloza y Ramírez, logró convertirse en un verdadero líder político del Federalismo, que luchaba intensamente para combatir la organización nacional basada en el centralismo.
Debido al coraje permanente que Varela demostró tener siempre en la lucha, sobre todo en lo que respecta a la resistencia que mantuvo en la región andina por muchos años enfrentando a las poderosas fuerzas enviadas por el gobierno unitario, durante lo cual el caudillo se encontraba acompañado por un pequeño ejército; es que comenzaron a llamarlo "El Quijote de los Andes".
Su valentía y bizarría le valió el reconocimiento constante de sus superiores, pero sus ideales lo empujaron a morir en el exilio, lejos de su amada patria.
Este heroico personaje de nuestra historia nació el 11 de mayo de 1821. en Huaycama, pueblo perteneciente al departamento de Valle Viejo, en Catamarca.
Según algunos documentos históricos, el pequeño Felipe pasó sus infancia junto a sus padres, Javier Varela y de Isabel Rearte, en una casa ubicada en la localidad de Guandacol, en la provincia de La Rioja. Fue allí donde llevó a cabo sus estudios formales, y al mismo tiempo se introdujo en el mundo de las armas, teniendo como tutor para ello a un caudillo riojano cuyo apellido era Castillo.
Decidido a llevar adelante una vida ligada al ámbito militar y político, a sus 19 años se incorpora al grupo de caudillos que luchaban en la región contra el ejército enviado por Rosas. Aquello le valió el destierro, por lo que se refugió en Chile, donde según relatan muchos historiadores puede haber llegado a conocer a su posterior amigo y compañero de lucha: el Chacho Peñaloza.
Viviendo en Chile, Felipe Varela se incorporó inmediatamente al ejército del lugar, el cual abandonó cuando en 1852 se produjo la caída del gobierno de Rosas, ya que fue en ese momento que regresó a Catamarca.
Varela decidió unirse al ejército de la Confederación , desenvolviéndose como Teniente Coronel en el regimiento 7° de línea, el cual se había asentado en Río IV, precisamente en la frontera de los indios.
Durante la decisiva batalla de Pavón, ocurrida en el mes de septiembre de 1861, Varela luchó bajo las órdenes de Urquiza, y fue allí donde comenzó a destacarse como uno de los más aguerridos caudillos de la Confederación. Un año después, Varela se unió al CHACHO, participando activamente en la rebelión organizada por el caudillo contra las autoridades nacionales de Buenos Aires. Esto le valió la confianza del Chacho y se convirtió en uno de sus máximos protegidos. Por ese motivo, ese mismo año Varela fue designado Jefe de Policía de la provincia de La Rioja.
Al siguiente año, es decir en 1863, se le encomendó a Felipe Varela la difícil misión de invadir Catamarca, participando de las contiendas conocidas como las batallas de Las Playas y Lomas Blancas.
No obstante, cuando el 12 de noviembre de 1863 se produce el sangriento asesinato de Peñaloza, Varela debió huir de la región, por lo que decidió refugiarse en Entre Ríos, desde donde nuevamente comenzó a militar bajo las órdenes de Urquiza, pero debe volver al exilio en Chile.
Poco tiempo pasaría para que Varela regresara al país, y ello ocurrió precisamente en 1865, cuando llega a sus oídos el inicio de la Guerra contra el Paraguay, la cual involucró a Uruguay, Argentina, Brasil, y por supuesto Paraguay, en una lucha sin tregua causada por las aún vigentes rivalidades coloniales. ( Guerra de la triple alianza).
Ante la noticia, Felipe Varela decide volver y servir nuevamente a las órdenes de Urquiza. Pero lo cierto es que como le sucedió a otros caudillos, Varela no comprendía cuáles eran los motivos por los cuales debía llevarse adelante una lucha armada contra el hermano pueblo de Paraguay. Por otra parte, el caudillo no toleraba el hecho de efectuar una alianza con el Imperio Brasilero, el cual en realidad había sido siempre un poderoso y ferviente enemigo de los estados del Plata.
Por todo ello, Varela se negó a participar de esta absurda guerra, y regresó a Chile.
Mientras tanto, en casi toda la geografía nacional los unitarios habían logrado imponerse frente a los federales, lo que provocó en cierto modo que Varela decidiera finalmente convertirse en una suerte de sucesor de el Chacho Peñaloza, convirtiéndose en los años posteriores en el líder indiscutido del alzamiento de las provincias andinas contra el gobierno centralista de Mitre.
Fue precisamente a finales del año 1866, que Varela decidió regresar al país desde la Cordillera de los Andes. A lo largo de dos años, Felipe Varela mantuvo el noroeste del país en permanente rebelión, a través del trabajo realizado por sus tropas, que se encontraban integradas por montoneros argentinos y chilenos. Para ello, contó con el apoyo incondicional de algunos de los caudillos federales más importantes de la historia, tales como Videla de Mendoza y los Saá de San Luis.
Fue en ese período que se produjo la llamada Revolución de los Colorados, considerada como el último alzamiento del partido federal argentino en el oeste del país. Aquella revolución no sólo tenía como objetivo liberar a las provincias de los gobiernos centralistas impuestos por el entonces presidente Mitre, sino también dar por terminada la Guerra del Paraguay.
En aquella larga batalla, Felipe Varela fue uno de los principales caudillos, que con su lucha finalmente logró liberar a tres provincias del poder unitario.
Entre 1867 y 1868 Felipe Varela se convirtió en el Gobernador de Catamarca, y al mismo tiempo mantuvo su influencia política en las provincias vecinas de Salta y Jujuy.
Ante la inminente amenaza que la influencia de Varela provocaba en contra de los intereses de Mitre, éste decidió enviar a los soldados que se encontraban en Paraguay a perseguir y luchar contra el caudillo.Así comienza Mitre su despiadada "guerra de policía".
El 9 de abril de 1867 Varela, con su arenga de Federación o Muerte, enfrenta a las fuerzas mitristas, conducidas por Taboada ( siendo derrotado) en El pozo de Vargas : última gran batalla de una guerra civil enmascarada.
Su fuerza montonera no pudo contra la potencia casi indestructible del ejército de Mitre poseedor de las más nuevas y sofisticadas armas importadas.
La fuerza unitaria arremetió con todo su poderío en la región. Varela ya estaba enfermo de tisis y cada vez perdía mayor apoyo político, por lo que finalmente debió regresar al exilio chileno.
El 4 de junio de 1870 moría el hombre y recién es enterrado en Chile el 8 de junio. Comenzaba la leyenda que cuenta la historia del : ÚLTIMO MONTONERO.
Sus restos habían sido repatriados en 1974 y depositados al pie del monumento con que se lo recuerda en su Catamarca natal.En agosto del 2007, a instancias de la Legislatura de Catamarca frente al Congreso Nacional, se asciende postmorten al coronel FELIPE VARELA a GENERAL DE LA NACIÓN.

Mabel Ordiz

martes, 4 de junio de 2013

Felipe Varela




De Chile salió Varela
 De Chile salió Varela
y vino a su patria hermosa,
aquí ha de morir peleando
por el Chacho Peñaloza.
¡Que viva el general Varela
por ser un jefe de honor!
¡Qué vivan sus oficiales
y viva la Federación!


La deuda histórica
Norberto Galasso, introducción del Libro “Felipe Varela y la lucha por la Unión Latinoamericana ”

Perseguido y denigrado en vida, silenciado y difamado luego de su muerte
El l 8 de junio de 1870, en el cementerio de Tierra Amarilla, pequeña aldea cercana a Copiapó, en el norte chileno, unas pocas personas acompañan los restos mortales de Felipe Varela a su morada definitiva. Un día antes, el cónsul argentino en esa ciudad, Belisario López, le comunicaba al embajador Félix Frías: "Este caudillo de triste memoria para la República Argentina ha muerto en la última miseria, legando solo sus fatales antecedentes a su desgraciada familia". Frías le contestará días después: "Comuniqué inmediatamente a nuestro gobierno la noticia del fallecimiento de Felipe Varela, a quien Dios haya perdonado todo el mal que hizo a sus paisa...”.

"Triste memoria . . . “, "fatales antecedentes . . . ", "Todo el mal que hizo . . . " . . . Solo, en la mas absoluta miseria, envejecido prematuramente, Varela se encuentra con la muerte mientras siguen lloviendo sobre su nombre los dicterios del enemigo.

A partir de aquel día, las fuerzas sociales que lo habían combatido organizaron una minuciosa campaña de silenciamiento alrededor de su figura. Varela ya no apareció en los textos escolares, ni en las sesudas sesiones académicas, ni en los suplementos de los grandes diarios, ni en los gruesos tomos de historia que circulan en las universidades. En lugar de promoverlo como "demonio" —caso Rosas— frente a las estampas santificadas de Rivadavia o Mitre, la historia oficial prefirió omitirlo lisa y llanamente. Durante décadas, su nombre resultó ignorado especialmente en aquellos lugares donde la tradición oral fue interrumpida por el predominio de la inmigración. Así , fue uno mas que ingresó a la lista de los "malditos" registrados en el índex sancionado por la oligarquía.

Durante mucho tiempo, solo ese hombre anónimo de La Rioja o Catamarca, a quien la verdad histórica le llegó de labios de su propio abuelo montonero, resguardó la memoria del caudillo. Décadas mas tarde, cuando ya fue imposible ignorar al jefe de una vasta insurrección que puso en pie de guerra a todo el noroeste argentino, la clase dominante recurrió a la descalificación, apelando al arsenal de invectivas que Mitre y sus adláteres habían dirigido contra los jefes populares. De ese modo, Varela salió del silencio para entrar en la historia como un "infáme bandolero", "azote de los pueblos", "Atíla insaciable", "caudillo sanguinario", "gaucho malo y corrompido hasta la médula de los huesos". Y para consolidar el vituperio se recurrió al folklore oligárquico en el que aparece como culpable de "una mañana de sangre", como un bandido que "matando viene y se va".

El triste destino de Felipe Varela —perseguido y denigrado en vida, silenciado y difamado luego de su muerte— no mejoró después de 1930 con el auge del revisionismo rosista. Su lucha contra "el Restaurador", su exaltación de la batalla de Caseros y de la Constitución de 1853, su condena a la política porteñista —ya fuesen sus ejecutores Rivadavia, Mitre o'Rosas— lo convirtieron en figura poco simpática para los primeros revisionistas. Solo algunos —los menos ligados a la concepción rosista— prestaron atención al jefe montonero y tiempo más tarde, otros se atrevieron a condenar al mitrismo y a la guerra de la Triple Alianza , lo que de por sí llevaba a revalorar a Varela. Pero, en general, el rosismo se atragantó con el caudillo catamarqueño, quien resultó triturado y deformado, así, por dos corrientes historiográficas que, en última instancia, brotan de la misma clase dominante.

Los historiadores libérales, después de ignorarlo, lo habían condenado tachándolo de "facineroso" y "sanguinario". La variante pseudomarxista de la vieja izquierda lo rotuló, asimismo, como expresión del feudalismo reaccionario opuesto al progreso civilizador del mitrismo que nos incorporaba a la economía mundial. A su vez, los historiadores rosistas lo abordaron desde diversos ángulos, a cual peor. Juan Pablo Oliver, obligado a optar entre Varela y Mitre con motivo de la guerra de la Triple Alianza , prefirió a don Bartolo que era, "en definitiva, el Presidente de la República Argentina " y estigmatizó al caudillo como traidor. Vicente Sierra, por su parte, lo considero desdeñosamente "como caudillo localista de escasa significación". Asimismo, hubo quienes le reconocieron méritos pero, enfrentados al antirrosismo del montonero, optaron por transcribir mutilada —y sin puntos suspensivos que indicaran la omisión— su proclama de 1866 para ocultar sus elogios a Urquiza, Caseros y la Constitución del '53. Finalmente, otros prefirieron transcribir honestamente la documentación íntegra pero, recurriendo a artilugios hermenéuticos, terminaron argumentando que Varela quería —aunque el no lo supiese— cumplir el proyecto de Rosas, que el elogio a la batalla de Caseros era simplemente táctica o error y que solo la ingenuidad pudo llevarlo a confiar tantos años en Urquiza, siendo este "un simple servidor de los intereses brasileños". Felipe Varela ya no era un bandolero, depredador de pueblos, ni tampoco un traidor a la Patria. Era políticamente algo peor: un zonzo.

Estos distintos enfoques historiográficos se resuelven, en última instancia, en una coincidencia antivarelista sustentada en la concepción de que las masas no son las protagonistas de la historia. Para unos, el motor del desarrollo histórico son las élites "refinadas" estilo Rivadavia o Mitre; para otros, los grandes estancieros patriarcales, estilo Rosas. Del mismo modo, esta discusión histórica no hace más que reflejar la polémica política. El nacionalismo reivindica a Rosas como defensor de la soberanía frente a la invasión extranjera y condena con justicia a "los civilizados" que apoyaron esa invasión pero asume posiciones reaccionarias por su carácter bonaerense y oligárquico, o burgués, en el mejor de los casos. Por eso, a su vez, combate también —como el liberalismo oligárquico— al nacionalismo popular y latinoamericano ya sea enjuiciando a sus caudillos o adulterándolos, como en el caso de Felipe Varela. Tanto a los historiadores liberales como a los rosistas, les molesta que Varela haya ingresado a la Argentina con un batallón de chilenos, que haya tenido vinculaciones con el gobierno boliviano y que no se haya sometido a los dictados de Buenos Aires, ni de Mitre, ni de Rosas.

Y son precisamente estas actitudes las que agrandan la figura del montonero en la línea de Bolívar y San Martín y la exaltan hoy justamente cuando los pueblos de la Patria Grande comprenden que su alternativa es unirse en la liberación o permanecer desunidos en el coloniaje.

Solo a la luz de un enfoque latinoamericano -por encima de las historias patrias chicas- es posible captar la verdadera dimensión de la figura de Felipe Varela. Solo desde una perspectiva nacional, democrática y revolucionaria, es posible rescatar del silencio a este "maldito" demostrando no solo la justicia de su lucha pasada, sino la insoslayable vigencia que poseen hoy sus viejas banderas. A ese propósito están destinadas las páginas que van a leerse.