"…cuando, con una gran agitación y movimientos de alas irrumpió un majestuoso cuervo de los santos días de antaño. No hizo ninguna reverencia…"
Sentado el cuervo en pleno recinto pensó en la soberanía económica, y
en los que venden su alma al extranjero por un puñado de billetes; pensó
y se dijo:
Nunca más.
Mientras escuchaba a la pichona
de buitre hablar con muchas palabras diciendo otras tantas mentiras
soeces se encrespaban las plumas y el ánimo del cuervo, entonces
murmuró:
Nunca más.
Pensó en la patria, en el enorme
esfuerzo de construirla. Pensó en los buitres y los paracitos que viven
de las sobras de la carroña que logran arrebatar a la sustancia vital
de la Argentina y dijo con voz tenue:
Nunca Más.
Observó el cuervo con que descaro aquella vasalla de la antipatria
objetaba lo inobjetable y simulaba interés en un tema que le importaba
mucho menos que la mas nimia palmadita aprobatoria de sus Señores, la
escucho floreando una simulada vocación democrática que lejos estaba de
esconder sus nostalgias autoritarias y su profundo cipayismo; entonces
graznó el cuervo con toda la furia de un pueblo:
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