domingo, 3 de febrero de 2013

A 200 años del combate de San Lorenzo



A 200 años del combate de San Lorenzo
Cosas de la historia, cosas del mitrismo y la discriminación, algunas viejas fábulas se están cayendo a pedazos.
       
Por:  
Norberto Galasso

En estos días, recordamos los doscientos años del triunfo logrado por las fuerzas de San Martín sobre los realistas, en San Lorenzo, aquel  3 de febrero de  1813. La ocasión es propicia para revisar algunas cuestiones "mal aprendidas" y acercarnos a la verdad histórica.
En principio, ¿quiénes y cuántos son esos granaderos? Eran alrededor de 120 que, según la historia mitrista provenían, en su mayor parte de "familias espectables de Buenos Aires", información que parece dudosa por varias razones. La primera, que San Martín  solicitó "300 jóvenes naturales (guaraníes) de talla y robustez que se traigan de las Misiones"; segundo, porque el parte de batalla, al finalizar el combate, indica que sobre 165 muertos, tres: son puntanos, dos: riojanos, dos: cordobeses, uno: francés, uno: santiagueño, dos: correntinos, uno: porteño, uno: bonaerense y como anticipo del carácter hispanoamericano de su campaña: dos son orientales y uno: chileno.(Ver: combate de San Lorenzo, de Fray Herminio Gaitán).
Este comentario puede ser tachado de baladí. Sin embargo, importa, no sólo para demostrar los débiles cimientos de la Historia Oficial, sino también para que se lo recuerde en las escuelas, especialmente  en aquellas adonde concurren niños pertenecientes a la clase media macrista que escuchan habitualmente en sus familias, los peores epítetos sobre "los negros", "los correntinos", "los  paraguas", etcétera.  Entonces, aprenderán que es muy común en nuestra historia que esos "negros" –que hablaban seguramente guaraní y se asemejan más a los paraguayos y a los bolivianos que a la gente blanca de Buenos Aires-– son los que se jugaron la vida, junto a San Martín,  para que algún día tuviésemos patria.
Otro hecho interesante es la participación en el combate de los milicianos santafesinos al mando de  Escalada (cerca de 80), quienes iniciaron el cañoneo desde el convento sobre los invasores y luego se replegaron,  provocando así el avance de los éstos, quienes quedaron encerrados por las dos columnas de granaderos que salieron sorpresivamente desde ambos lados del mencionado convento. San Martín los olvida en el primer parte al gobierno, pero luego, en otro posterior, reconoce "la actividad y celo de los jefes milicianos". También resulta interesante consignar que el asistente de San Martín era el puntano Pedro Gatica "leal y temible en el campo de batalla" –según testimonia Olazábal– tan temible como fuera seguramente  su descendiente, muchos años después, en el ring del Luna Park, a quien dedicó hermosos versos el poeta Alfredo Carlino.
Pero más importante  resulta señalar que se cae en grueso error cuando, para homenajear este triunfo militar, cantamos que la bandera argentina "un día en la batalla tremoló triunfal, y llena de orgullo y bizarría a San Lorenzo se dirigió inmortal". No tremoló, evidentemente... porque no existía, pues el país no había declarado su independencia y lo que  estaba en juego en el combate era la reivindicación de los Derechos del Hombre, por nuestro lado y el Absolutismo, por el lado invasor. Por eso nadie  grita, en el combate, ¡Viva la Argentina! sino otra palabrita que irrita a mucha gente, según este testimonio: “El comandante Escalada, con sus milicianos, ocupó el centro de las fuerzas, mandadas por San Martín. Y, al grito de ¡Viva el Rey!, dado por el jefe  de las fuerzas realistas, contestó con el "¡Viva la Revolución!"
Esto último va ligado a otro suceso importante que comentó, años atrás, el Dr. René Favaloro, citando a  Juan Turrens: "San Martín no tomó rehenes ni exigió rescates, no tomó venganzas y aconsejó no tomarlas, humanizó la lucha […]. Su acción se singularizó por su deseo de encontrar la paz y hacer cesar todo posible  derramamiento de sangre." Efectivamente, José Pacífico Otero relata que  Zabala, el jefe enemigo, se presentó, al finalizar el combate, reclamando víveres frescos para sus soldados heridos, ante lo cual San Martín cumplimentó el pedido y además, "lo invitó a un suculento desayuno, por el cual Zabala quedó profundamente reconocido". Favaloro, sin embargo, erró al considerar que esa actitud provenía de la hidalguía de San Martín pues –sin descontar que la tuviera– fue una actitud política. ¿Cómo podía él ensañarse con un ex camarada, integrante del mismo ejército al cual había pertenecido durante 22 años y del cual se había separado hacía apenas un año y medio? Es mucho más probable que quisiera demostrarle a Zabala que quienes hablaban en nombre de "Libertad, Igualdad y  Fraternidad", procedían fraternalmente, para convencerlo y ganarlo para su causa. Y esto se verifica pues el mismo Otero señala que Zabala se presentó, un año después, a San Martín, en Mendoza, para ofrecerle sus servicios, sumándose así a la campaña liberadora por una América democrática y popular.
También puede ser útil indagar en quién era Juan Bautista Cabral. Por lo que se sabe era esclavo liberto y negro y es poco razonable suponer que  herido de bala y con el pecho atravesado por un espadón, dijese  "Muero contento, hemos batido al enemigo". Más bien cabe pensar que se haya referido en términos poco amables a la mamá del soldado absolutista que lo atravesó de parte a parte, referencia legítimamente prioritaria respecto al resultado de la batalla, por más patriota que fuese. Por su parte, Fray Gaitán argumenta que Cabral –que, por otra parte, nunca fue sargento, ni siquiera postmortem– convocó a sus compañeros a seguir luchando y que, sólo más tarde, ya agonizando en el convento, pronunció la célebre frase, delante de San Martín, seguramente en guaraní, su idioma natural –especialmente en trance de muerte– y que San Martín, la tradujo al castellano... porque San Martín sabía guaraní, ya que había vivido sus primeros cuatro años en Yapeyú. Claro que Mitre no podía admitir que San Martín dominase el idioma guaraní pues ello lo  descalificaría, según su entender –y hoy todavía el de mucha gente– como para ser Padre de la Patria. ¡Qué tipo poco  "civilizado" sería este Padre de la Patria si además de saber guaraní, decía "odio todo lo que es lujo y aristocracia" y después, quiso batirse a duelo con Rivadavia a quien consideraba una "innoble persona", coincidiendo además con O’Higgins en que "don Bernardino era  un enemigo feroz de los patriotas...y el hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino”(Carta de O’Higgins a San Martín, del 16/8/1828) . Cosas de la historia, cosas del mitrismo  y de la discriminación, viejas fábulas que se están cayendo a pedazos.  -


Camilo Torres *




"Sabemos que el hambre es mortal" decía el cura Camilo Torres. Y si lo sabemos, decía, ¿tiene sentido  perder el tiempo discutiendo si es inmortal el alma? Camilo creía en el cristianismo como práctica del amor al prójimo y quería que ese amor fuera eficaz. Tenía la obsesión del amor eficaz. Esa obsesión lo alzó en armas y por ella ha caído, en un desconocido rincón de Colombia, peleando en las guerrillas."

Eduardo Galeano


*Camilo Torres Restrepo (Bogotá, 3 de febrero de 1929 - Patio Cemento, Santander, 15 de febrero de 1966) fue un sacerdote católico colombiano, pionero de la Teología de la Liberación, cofundador de la primera Facultad de Sociología de Colombia y miembro del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN).


JORGE CAFRUNE





*JORGE CAFRUNE

A diferencia de otros artistas comprometidos, que se exiliaron cuando comenzaron las amenazas y las prohibiciones, Cafrune decidió quedarse y seguir haciendo lo que mejor sabía hacer: cantar y opinar cantando y haciendo. Fue así que en el festival de Cosquín de enero de 1978 cuando su público le pidió una canción que estaba prohibida, Zamba de mi esperanza, Cafrune accedió argumentando que "aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar". Según un testimonio de Teresa Celia Meschiati eso fue demasiado para los militares, y en el tristemente célebre centro de concentración clandestino cordobés de La Perla, el entonces teniente primero Carlos Enrique Villanueva opinó que “había que matarlo para prevenir a los otros”.

* Jorge Antonio Cafrune (Perico, provincia de Jujuy, 8 de agosto de 1937 - † Tigre, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1 de febrero de 1978)



sábado, 2 de febrero de 2013

José Tedeschi


2 de febrero de 1976 – Es secuestrado José Tedeschi, sacerdote obrero, mártir de los «villeros» en Argentina.

José Tedeschi - relata el padre Roberto de la Parroquia del Hospital de Quilmes - interpretó que seguir a Jesús es comprometerse, juntarse, compartir el sufrimiento de los de abajo.
Cuando José es designado párroco de Don Bosco, se acerca a la Villa Itatí, conoce y se entera de las condiciones de vida de los que allí viven y hace su opción de vida. Predica el evangelio con quienes considera los preferidos de Jesús.
José abandona la tranquilidad y comodidad de Don Bosco. Se metió. Se comprometió. Se fue a vivir a la Villa Itati. Se jugó la vida como Jesús.
Vivir de esta forma el evangelio y haberse unido a una mujer del lugar le valió la marginación y menoscabo de los fariseos del momento. Defender, acompañar a los pobres, vivir con ellos, lo enfrentó con el poder político de la época.
Esto ocurrió en el gobierno de Isabel Perón y su nefasto ministro López Rega quienes finalmente lo secuestran y asesinan el 2 de febrero de 1976.

Cuenta Juanita, compañera de José: “En los años ´70 la Villa Itatí estaba en proceso de formación. Acudían al lugar gente del interior del país y de países limítrofes, paraguayos, chilenos en búsqueda de un lugar para vivir, corridos de sus lugares de origen por la necesidad.
No había alcantarillas, ni agua, ni luz, ni calles y tampoco veredas. Tampoco se oficiaba la misa en el lugar, había que ir a la Parroquia de Don Bosco.
La situación de hacinamiento y privaciones era angustiante y cotidiana. En esos tiempos se conseguía trabajo pero la mayoría de las personas no tenían documento. Ser villero e indocumentado dificultaba acceder al trabajo.
En ese momento, José Tedeschi es asignado a la parroquia de Don Bosco.
Comienza su accionar nuestro padre José haciendo misa dentro de la Villa, lo cual lo lleva a enfrentarse a la jerarquía eclesiástica quienes deciden que para escuchar misa había que ir hasta Don Bosco. También le recomiendan no frecuentar mucho la “Villa”. Lejos de acatar las órdenes de la jerarquía, nuestro José se acerca y profundiza su vínculo con el pueblo pobre y marginado, enfrentamiento que lo lleva a abandonar la estructura eclesiástica y decide ir a vivir a la Villa para profetizar desde allí su concepción del evangelio. Su opción preferencial por los pobres era una tarea la cual no hacía solo, existía en nuestro país lo que se dio a llamar el “Movimiento de los Curas del Tercer Mundo”.
En el plano político social se abrieron grandes expectativas con la llegada al gobierno del Peronismo. Nuestro Padre José no es ajeno a este clima de participación popular y lo hace desde su profunda convicción cristiana. Comienza con ayudar a los recién llegados a levantar humildes casillas, continúa con peticiones a las autoridades para conseguir documentación, brega e impulsa la organización de las personas para buscar soluciones comunes, activa la participación para la organización de una cooperativa de consumo.
Propone y consigue soluciones a las necesidades más inmediatas: agua, luz y salud. Al padre José acudían personas con necesidades apremiantes y él
siempre encontraba alguna solución. Su estilo era de amplia participación comunal. Todas las decisiones eran debatidas por los interesados.

2/2/1976
En ese momento, cuenta Juanita, se estaciona el “fatídico” falcon frente al mismo y rápidamente bajan dos enormes esbirros que preguntan:
-¿Quién es José Tedeschi?
José responde: - Soy yo.
Lo toman violentamente y lo arrastran hacia el auto, José se resiste y aclama por ayuda. Prestamente acude Juanita que, embarazada de 9 meses, increpa fieramente a los asesinos que la apuntan con un arma.
Uno de ellos ordena:
- Cargála a ella también.
José cesa la resistencia exclamando: -A ella no.
Es golpeado fieramente en el rostro y cargado en el falcon. Las últimas palabras que recuerda Juanita de él son:
-Salvá a la Beba.
Esto sucedió el 2 de febrero de 1976. El día 18 de ese mismo mes José aparece asesinado con su cuerpo terriblemente mutilado.
Su hija Itatí nace el 19 de febrero.
Se cumplió el deseo de José de que su hija lleve el nombre de la Villa que él quiso tanto.